Li Bai, el Poeta Inmortal
Li Bai (701-762) - o Li Po como se lo conoce en occidente - es uno de los más grandes poetas de la literatura universal. Conocido como el poeta inmortal, además de ser considerado el mayor poeta romántico de la dinastía Tang, es el poeta más importante de la historia de la literatura china.El vuelo de sus versos, una extraordinaria fantasía, la ejemplar concisión del lenguaje y una originalidad inigualable han logrado que las más de mil poesías de Li Bai que aún se conservan, trasciendan su época y lleguen a nuestros días capaces aún de asombrarnos y conmovernos, listas para destrozar en unos segundos las barreras del tiempo.Li Bai dedicó gran parte de su vida a escribir y a viajar. Su obra fue traducida a numerosos idiomas y es actualmente considerada símbolo cultural y patrimonio de la humanidad.Los eruditos cuentan que murió envenenado por mercurio luego de un largo historial de consumo de elixires taoístas para la longevidad; otros creen que murió por envenenamiento con alcohol.Algunos pocos sostienen la teoría de que Li Bai se ahogó en el río Yangzi, habiendo caído de su bote al intentar abrazar la luna bajo los efectos del alcohol.Intentemos entonces pulverizar el tiempo miles y miles de noches después, leyendo este hermoso poema de Li Bai, el inmortal:
Ni el agua que transcurre torna a su manantial,
ni la flor desprendida de su tallo
vuelve jamás al árbol que la dejó caer.
Aquí fue la morada antigua del rey de Wu;
libre crece la hierba hoy sobre sus ruinas.
Más lejos, el inmenso palacio de los T'sing,
antaño tan suntuoso y tan temido.
Todo eso fue y no es, todo llega a su término.
Los hechos y los hombres viajan hacia el morir,
como pasan las aguas del Río Azul a perderse en el mar.
Fugitivo relámpago es la vida,q
ue apenas si da tiempo a sentir su pasar.
Inmutable es la faz de la tierra y del cielo;
mas cuán súbito el cambio de nuestro propio rostro.
Otro poemas de Li Bai:

Conversación en la montaña
¿Me preguntas por qué habito
en estas colinas verdes jade?
Yo sonrío. No hay palabras para expresar
el sosiego de mi corazón.
¡Que fascinante la flor del melocotón
arrastrada por la corriente del agua!
Aquí vivo en otro reino
más allá del mundo de los hombres.
Alabanza al vino

No amara el cielo el generoso vino
el «astro-vino» en la serena noche
no diera al hombre el celestial derroche
de su fulgor lejano purpurino.
Ni roja fiesta en tibia primavera
llenara de alegría las campiñas
si el jugo embriagador no nos lo diera
el alma tierra con sus dulces viñas.
Si cielo y tierra el vino te ofreciera
¿Por qué temer tan santa borrachera?
Hubo famosos sabios borrachines;
con tres copas no más el cielo se abre
y es tuyo el universo y sus confines.
Es un rapto fugaz a lo ignorado
que al abstemio infeliz nunca le es dado.
Un día de verano, en la montaña
Agito suavemente un abanico de plumas blancas,
sentado, la camisa abierta, entre las hojas verdes.
Me quito el sombrero y lo cuelgo de un saliente en la roca;
Desde los pinos la brisa se desliza
sobre mi cabeza desnuda.
Los cuervos que graznan por la tarde
Doradas nubes bañan la muralla.
Los negros cuervos graznan sobre sus nidos,
nidos en los que quisieran descansar
En tanto, la joven esposa suspira, sola y triste,
sus manos abandonan el telar,
sus ojos están fijos en la azul cortina del cielo,
cortina que parece separarla del mundo,
como la leve niebla oscurece el río.
Está sola: el esposo viaja por países lejanos;
todas las noches está sola en su alcoba.
La soledad le oprime el corazón,
y sus lágrimas, como fina lluvia, caen en tierra.
Escuchando la mandolina de un sacerdote budista
El sacerdote budista de Chou tiene una mandolina:
baja del Monte de las Cejas hacia el poniente,
y hace sonar sus cuerdas en mi honor.
Sus vibrantes notas se parecen al alboroto
de un bosquecillo de pinos mecidos por el viento.
Mi corazón se siente purificado
como si lo hubiesen lavado las aguas del río.
La dulce melodía se une a los lejanos tañidos de una campana.
Insensiblemente desciende, en torno, el crepúsculo,
y los montes se esfuman en la bruma ligera.
Mientras bebo, solo, a la luz de la Luna
Un vaso de vino entre las flores:

bebo solo, sin amigo que me acompañe.
Levanto el vaso e invito a la luna:
con ella y con mi sombra seremos tres.
Pero la luna no acostumbra beber vino,
y mi perezosa sombra sólo sabe seguirme.
Festejemos, con mi amiga luna y mi sombra esclava,
mientras aún es primavera.
En las canciones que entono vibran rayos lunares;
en la danza que ensayo mi sombra se aferra y deshace.
Los tres juntos, antes de beber, holgábamos;
ahora, ebrios, cada cual va por su lado.
¡Regocijémonos muchas horas todavía,
en nuestro extraño festín inanimado,
para encontrarnos al fin en el Rio de las Nubes!
Bebiendo solo a la luz de la Luna
Entre las flores, un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi copa, invito a la luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Mas la luna nada sabe de bebidas
y mi sombra se limita a imitarme,
pero así y todo, luna y sombra serán mi compañía.
La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, somos alegres juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado
jurando encontrarnos en el Río de Plata de los cielos.
Feliz encuentro
El viento de la primavera nos embriaga
y sería feliz si los tres pájaros azules, mensajeros delcielo,
quisieran llevarte de cuando en cuando mis tiernos pensamientos.
Debes saber que el tiempo se va raudo,
nuestros negros cabellos muy pronto serán blancos.
Lamentamos la juventud perdida
¡pero ella no retorna nunca más!
¡Quiero decirte que te amo
y ojalá que tu amor responda al mío!
La vida humana se parece a la cera que escurre de los cirios,
cuando la cera se consume, la luz se extingue.
Las flores se abren más y más bellas en las ramas;
mientras la primavera avanza hacia su fin
ellas sólo piensan en las delicias del rocío y la lluvia,
¡no piensan nunca en su fin tan cercano!
Cuando mi alma se evadió de mi cuerpo rígido,
yo estaba triste al ver mi sepulcro en Tangtú.
La niebla matinal envolvía el bosque de pinos verdes
y allá lejos, la aldea se hundía entre la bruma.
Pero después de la muerte de mis hijos amados
ninguna atadura terrestre aprisionó mi alma.
Entonces suspiré largamente y subí al Kuen-Luen.
Siempre borracho de vino, me vestí con un traje parecido
a las plumas del fénix.
El monte es tan elevado que se pueden coger las estrellas a sus pies.




1 Comments:
"Los cuervos que graznan por la tarde" fué el primero que encontré de este "tipo".
Hace el copón que tenía que hacer nosequé trabajo de literatura y demás...Y el apartado oriental me llevó por camino de la amargura jaja
llegué y encontré esto de casualidad
paz!!
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